Investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz revelan que la hipertensión genera una «vulnerabilidad metabólica oculta» que se desestabiliza con el tratamiento de antraciclinas
Un equipo científico de élite, encabezado por el Dr. Borja Ibáñez, cardiólogo de la Fundación Jiménez Díaz y director científico del CNIC, ha logrado descifrar por primera vez por qué la hipertensión arterial multiplica el riesgo de sufrir daño cardíaco grave tras recibir quimioterapia. El estudio, publicado en el prestigioso European Heart Journal, supone un hito en la cardio-oncología al identificar una fragilidad energética latente en el corazón que hasta ahora era invisible para los métodos de diagnóstico convencionales.
Las antraciclinas, fármacos de primera línea contra linfomas, sarcomas y cáncer de mama, son curativas para millones de personas, pero provocan insuficiencia cardíaca crónica en el 5% de los supervivientes. La investigación del IIS-FJD demuestra que esta toxicidad no es aleatoria, sino que se ceba con aquellos pacientes cuya reserva metabólica ya ha sido mermada por la hipertensión previa.
La «tormenta perfecta» en el corazón del paciente
Hasta la fecha, la comunidad médica conocía la correlación epidemiológica entre tensión alta y toxicidad por quimioterapia, pero carecía de la explicación biológica necesaria para intervenir. El Dr. Ibáñez, quien además de su labor en el hospital madrileño y su instituto de investigación (IIS-FJD) es jefe de grupo en el CIBERCV, subraya la relevancia del hallazgo para la práctica clínica.
«Sabíamos desde hace años que la hipertensión arterial aumentaba claramente el riesgo de cardiotoxicidad por antraciclinas, pero desconocíamos por completo el mecanismo subyacente. Esa falta de comprensión impedía desarrollar estrategias específicas de prevención», explica el Dr. Ibáñez.
El estudio describe una «tormenta perfecta»: mientras la hipertensión genera una fragilidad energética silenciosa, las antraciclinas atacan directamente a la mitocondria (la central eléctrica de la célula). El Dr. Carlos Galán-Arriola, investigador del IIS-FJD y primer autor del trabajo, destaca que se ha identificado «una vulnerabilidad metabólica previa, silenciosa, que se hace evidente solo cuando el corazón sufre el estrés añadido de las antraciclinas».
Hacia una medicina anticipativa y personalizada
El descubrimiento ha sido posible gracias al uso de tecnología traslacional de última generación, incluyendo resonancia magnética avanzada y análisis moleculares de precisión, herramientas que forman parte del ADN investigador de la Fundación Jiménez Díaz. El Dr. Valentín Fuster, director general del CNIC y figura clave en la cardiología mundial, pone en valor la importancia de este avance:
«Este trabajo representa un avance fundamental: identificar vulnerabilidad antes del daño clínico es el tipo de medicina anticipativa hacia la que debemos movernos. La prevención personalizada basada en mecanismos es el futuro de la cardiología moderna», señala el Dr. Fuster.
Una puerta abierta a la prevención
Más allá del diagnóstico, el trabajo abre una vía de esperanza terapéutica. Los investigadores han explorado el uso de mavacamten, un inhibidor de la miosina, que en fases experimentales ha logrado prevenir el deterioro funcional del corazón bajo estas condiciones de estrés. Según el Dr. Ibáñez, «si estos resultados se confirman en estudios clínicos, podríamos estar ante la primera terapia específicamente orientada a prevenir esta complicación grave en individuos con hipertensión».
Este éxito científico del IIS-FJD, financiado por instituciones como la Comisión Europea y la Fundación ‘la Caixa’, reafirma el compromiso del hospital y su instituto de investigación con la excelencia y la traslación rápida de los hallazgos del laboratorio a la cama del paciente, mejorando la seguridad de los tratamientos oncológicos y la calidad de vida de los supervivientes de cáncer.



